No, no era tarde. Era un violeta rosado que transfiguraba su imagen a semejanza del día; duración repetitiva y extensa para quienes cada noche, recuerdan que no memorizaron la fórmula del sueño. A pasos de gigantes figuras, comenzaban las estrellas a contarse con la máquina que Astier le había regalado. Era un simulacro. Una manera solitaria de quedarse dormido, de perderse en los sueños sin vida de la tarde, del día.
Cuando a la mañana su voz rancia amanecía nublada, sabía que los caballos venían deformándose hacia ella con la vil manía de los animales de arrebatar con todo. No, no es que fuera tarde. Es que el temblor de las venas lo hacen a uno defenderse equivocadamente. El corazón se empequeñece y surge lentamente una indiferencia armoniosa que hace de los hombres humillaciones tan graves. El nudo de la angustia que amanece a la vida.
Los Domingos Roxane aparece disfrazada de naipes; dulces golosinas desenvueltas para las flacas preguntas vitales. Se sienta en la banqueta verde, y al borde de la mesa quedan sus rodillas. Mezcla con la hedionda certeza de frenar la metafísica que lo ha llevado a ella. Baraja con la izquierda como si fuera un juego. Y con una sensación de asco arroja sus miserias con una fresca cordialidad de bruja. Los sueños de las noches salen a pasear de la vida.
ChAPU
3 comments:
de ser bueno poder barajar y rapartir de nuevo cada vez que queremos
roxane ... yo?
te kiero ornella ...chapulandia
que come galletitas tentaciones que no puede comer...
Esos días terminaron.
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