Ella así, tan escasa de verbos, tan cuadrada de fondos, tan cerrada en su rostro. Juega con la copa incentivando al azar los espíritus como al póquer la ruina. Esa es su gracia. La dulzura está anegando por debajo de su piel. Destila aquellas pasiones silenciando el aire lejano que contornea su figura.
Piernas cruzadas. Ya eligió la mesa.
Encierra en sus ojos el vislumbre de la vela encendida, ese que en unos minutos va a ser desplomado de su fuerza, arrancado de su fuego. Terminará por vivir en sus adentros iluminando (seguramente) alguna verdad oriunda, descubriendo un tesoro hermoso en su tiempo y ya envejecido en su rincón pávido con esa revelación infortunada.
El así, tan Tonto, un poco ambiguo. Llega tarde, y con un manotazo suelta el atado de Gitanes sobre la mesa, antes de saludarla, antes de cualquier cosa. Esa es su gracia: fuma como una bárbaro e invade ese aire solitario con su sólo aroma a cáncer. Es de un género extinguido que arribó, tarde y mal, a una patria distante, que no lo descubre, que no lo avista.
Se sienta. Piernas abiertas. No le gusta la mesa. Se apoya en su mano derecha, sostiene su cabeza como si el peso de su excesivo ocio recayera sobre ella. No importa de qué, pero habla. Las palabras emanan de su boca, de sus manos, de su pelo. Es palabras –que más tarde serán garitas-, señales. Juega a la pregunta sin respuesta para vacilar sobre ésta y terminar por reírse, en un trance eterno, por la maravilla de su mente que no se contenta con un malchiste pero se desternilla hasta agotar todos los sentidos, hasta ahogarlos, hasta volver a la nada. Hasta retornar al punto haragán, tan cómodo, tan hastío.
Se mueven casi instintivamente, como queriendo (inconscientemente) evitar la culpa del no saber. De tener que apagar las dudas. Sorteando cualquier proceso que desintegre ese malgenio de la vida, que resuena en un Ton y un Son, con el que conviven y se agotan hasta sentir adentro un vacío asqueroso que no hace más que querer llenar el hueco horrible que deja la convención de expresarse cuando las palabras no alcanzan. Nunca alcanzan.
7 comments:
Muy bueno
:)
I like it!
Querida Ornella,
La memoria, traicionera, nos esconde los perfumes del pasado. Nunca hay suficientes palabras porque mueren antes de ser pronunciadas, justo en el instante después de ser sentidas. Esa es la lección: las palabras que se sienten no se escriben ni se dicen, porque recuerdos son.
Besos,
V.
TON Y JERRY!!!!!
si muy bueno...
Pero gitanes?
se la come un poco tu macho de pelicula
Prometí que el 9 de diciembre iba a comentar "un mes", temiendo que no escribas más.
Ya ves, me colgué.
Nunca alcanzan.
Son mierda, te lo dije.
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