De nada. Fui esclava de los deseos más perversos. Lastimé sin piedad. Quise con el alma y también con el corazón. Rompí todos los lazos que podían conducirme al final feliz que tanto añoré. Me deshice en hilachas, formando partes perfectas que nunca podían fundirse, tocarse. Ni siquiera rozarse. Fui eterna. Cada una de las que fui, cayó conmigo en el pozo infernal. Todas juntas bailamos la danza del dolor y enviciamos aquella eterna y frágil felicidad. Todas juntas leímos a Pizarnik. Acompañadas unas de las otras, perdimos nociones, sentidos, sentimientos en vano. Hasta dejamos de latir.
Sin embargo, el tiempo me curó. Del fin del primer amor, que no supo más que romper en añicos el sueño más letal, más vivo, más entero que tuve, que tuvimos. Me curó de las perdidas, de aquel enojo, de aquella noche. De la cobardía de no arriesgarme. De confiar ciegamente. De la tristeza de aquello fugaz que nos encandila y no prende. No prende nunca más. Me curó de la primera sesión. El tiempo me juntó. De la mentira a los ojos, del inocente “todo vuelve” que volvió. De volver a intentar y volver a fracasar. De no querer, no sentir.
Me curó de las noches de insomnio. De la verdad del abandono. De la traición y la venganza. De los eternos que no fueron. De la mirada culpable del que no llegó a tiempo. De las mentiras. Del papel de estúpida. Me curó del mismo tiempo que no pasó. De las cosas que no cambiaron. De lo que no llegó.
Una a una, fuimos recuperándonos. Acobardamos al miedo. Formamos un ejército de sueños. Ponderamos canciones y libros. Construimos todo, otra vez. Remodelamos las formas, los abrazos, los tequieros y las noches compartidas. Aprendimos lecciones para siempre. Prendimos la luz entre medio de tanta oscuridad. Encontramos razones, amigos, tardes y nuevas noches. Armonizamos otro latido. Volvimos a reír.
Andamos enteras, perfectas. Abrazamos la vida y mordemos el dolor. Seguimos porque queremos. Felices, encontramos el rumbo y vamos derecho. Esquivamos piedras, lanzamos llamas y seguimos, siempre seguimos.
Pero de nada. No nos sirve de nada ser felices si no podemos compartirlo.
Ornella
6 comments:
De nada sirve ser feliz si no se puede compartir...
yo diria que ser feliz sirve para que llegue nueva gente con quien compartir esa felicidad tan añorada...
Para compartir con otros, primero tenes que estar bien con vos misma, asi que estas por el buen camino y ya va a llegar quien merezca tal honor
love you!
PD: no quiero ver este parrafo dentro de tu sobre eh!! EH!! EEEEHHH!! :)
Ricardo Espinosa dijo alguna vez: "Podés comprender mi dolor, pero solo yo puedo sentirlo".
Creo que pasa un poco con la felicidad. La felicidad no se comparte, es algo propio, para uno mismo. Así de choto y egoísta.
Brindo por eso.
Ro: ¿gente nueva?
Fer: Ya estoy bien conmigo misma. O sea, ¿vos me viste? Je.
Muzzi: "no estás acá".
Qué bonitoooooooo, Ornella...
Yo quiero tiempo de ese, del que cura las heridas y enseña a caminar erguida. Quiero dejar de mirar atrás, quiero dejar de tropezar, quiero dejar de fallar. Quiero que todo quede atrás.
Besos, mi niña.
V.
Un susupiro por cada punto aparte.
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